When you see me again, it won't be me

Durante nueve años, de 1983 a 1992, Los Angeles Reader publicó una tira cómica titulada "El perro más enfadado del mundo" que protagonizaba, como su propio nombre indica, un perro furioso. El animal se mostraba dibujado siempre de la misma manera: atado a una estaca, en el jardín trasero de un chalet, tirando con fuerza de la correa unida al collar, luciendo una mueca a medio camino entre el dolor y la carcajada tétrica, estático. El encabezado se repetía en cada número: "El perro está tan enfadado que no puede moverse, no puede comer, no puede dormir. Puede apenas gruñir, inmovilizado tan firmemente por la tensión y la ira, se acerca al estado de rigor mortis". Por norma general a la viñeta del perro se añadía un apunte irónico, a veces algún que otro diálogo proveniente del interior del chalet, sobre cuestiones mundanas interpretadas desde cierto tormento existencial: el de una criatura furiosa cuya única aportación, cuya única identidad consistía en estar dominado por la rabia. Como detalle con cierta intención, la estaca a la que se le veía atado era realmente diminuta.

Si nos vamos de aquí a 2006 y nos adentramos en el momentum del politono, por aproximadamente 3'99 euros podía uno elegir entre todo un catálogo de posibilidades sonoras y a alguien se le ocurrió crear un archivo de voz modificada que repetía una misma frase: "¡Me sangran los dientes! ¡Me sangran los dientes!". 

En 1997 una conocida empresa que fabrica y distribuye tests de embarazo, lanza un inquietante sketch publicitario en blanco y negro. La voz en off va acompañada del sonido de unas manillas de reloj (ese característico tic-tac decapitado por la era digital) y el plano se mueve de la impaciente protagonista a un reloj de muñeca en el que se desdibujan los números para quedar sustituidos por las palabras Yes & No, mostradas en círculo, emulando al ritual de la margarita. ¿Me quiere o no me quiere? ¿Lo estoy o no lo estoy? Es posible saberlo en solo un minuto gracias a Clear Blue.

Ese mismo blanco y negro fue usado en 1977 para una escenografía onírica situada en el interior de un radiador. Sobre un suelo estampado damero baila una mujer con mofletes enormes de moho blanquecino, mientras llueven extraños fetos de criaturas no identificadas que va pisando con sus zapatitos impolutos y canta que en el cielo todo va bien.

El vacío se fue revelando lentamente en lo pequeño y tomó la forma de ese planeta raro, de ese lugar que alguien nos sostuvo tantos años delante de las narices, sin dar nunca demasiadas explicaciones, para que fuéramos heredando y decodificando señales, supongo, en búsqueda de una voz particular que vuelva a decirnos, a prometernos si me lo permitís - porque lo necesitamos quizá más que nunca, que tendremos blue skies and golden sunshine all the way, y que, aunque ya huérfanos de tupé y leño, de café y tarta de cerezas, seremos por fin testigos de ese famoso día en el cual la tristeza termina.