Algo Supuestamente Divertido y más

Muchísimo mejor que resumir mi año en vivencias, agradecimientos, actividades, viajes, propósitos cumplidos o (palabra que le encanta usar a la chavalada instagramer) aprendizajes, me he propuesto hacerlo a través de cinco lecturas que de una forma u otra me han gustado y me han hecho reflexionar, reír, levantar la ceja y bajarla.

1. La Comemadre (Roque Larraquy 2010, reeditado en 2022) al que llegué en otoño del año pasado y que he vuelto a leer este verano para asentar mejor un par de ideas relacionadas con ese tormentoso campo al que me dedico que es la salud ajena. En esta ficción tenebrosa y un poco irónica, un grupo de médicos del sanatorio "Temperley" participa en el arriesgado experimento de guillotinar a una serie de pacientes para crear un registro de actividad cerebral post mortem. Se estima que el cerebro de una cabeza cortada cuenta con unos últimos segundos de procesamiento durante los cuales, antes de apagarse, puede surgir algún pensamiento, incluso formularse alguna palabra. Ante esto, la reacción obvia, lógica, natural, humana, consiste en decir: qué macabro (y lo es) precisamente porque este libro pretende cerrar un arco de villanía médica que no funciona sin apelar a lo oscuro de intervenir sobre la muerte por la curiosidad de cuantificar algo que es inútil en la práctica. Ese incómodo potencial de dejar por el camino la brújula moral y la convicción de que un cuerpo no es solo un objeto de análisis, después de haber estudiado una carrera y ejercido durante años un trabajo en el que el cuerpo es solo un objeto de análisis. Como dice el refrán: si me gusta la música es por el bombo. 

2. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (David Foster Wallace, 1997) no se puede explicar de ninguna forma que no sea entendiendo cómo era el propio Foster Wallace, y por qué solo un autor como él pudo haber sido contratado por Harper's –viaje pagado mediante– para redactar un artículo publicitario que acabó siendo un diario de a bordo sobre la total carencia de alma de viajar en crucero. Foster Wallace era una de esas personas que mete la mano en una bolsa llena de billetes y saca un mechero. Saltó de una carrera de letras a un doble doctorado en Lógica Modal, escribió La Broma Infinita (uno de los libros más brillantes de los 90), recibió una beca MacArthur del gobierno estadounidense, fue el hater más querido por el público normie, mantuvo un tortuoso romance con el tenis durante toda su vida profesional y personal, escribió desde la libertad de decir lo que quería decir, su cabeza estuvo siempre llena de ideas pero a los 46 años tuvo la idea de ahorcarse y por desgracia la llevó a cabo.

3. Los guapos (Esther García Llovet, 2024), un libro que a cualquiera que se deje llevar por el título y la tabula rasa, le va a pillar con el pie cambiado. Un camping de un pueblo de la Albufera en el que empiezan a ocurrir sucesos paranormales a medio camino entre Expediente X y Twin Peaks (algo tienen los pueblos minúsculos para ser siempre los elegidos por el más allá y los olvidados por el más acá), una forma de narrar a la que he podido volver a poner nombre y apellidos con The Spanish Beauty, un elenco de personajes con mucho más carisma del que se necesita para vivir en paz (el carisma es como el talento, te puede hacer la vida muy fácil o muy difícil tan solo dependiendo de lo mucho que te guste tenerlo). 

4. Nacido de ninguna mujer (Franck Bouysse, 2022). En su día pregunté desde la más genuina curiosidad, después de leer este libro, si alguien del entorno de Franck Bouysse le ha cogido por los hombros, le ha mirado a los ojos y le ha preguntado si está bien. Quiero decir, si mi profesor de biología del instituto reescribiera la Biblia del neogótico con todos los ingredientes (familias desestructuradas, castillos, manuscritos perturbadores, sacerdotes, cadáveres en instituciones psiquiátricas) saltarían todos los pilotos rojos, pero como no tengo la suerte me limito a aplaudirle la obra, porque si hay un género desagradecido e increíblemente difícil de narrar es el terror clásico.

5. Agua, perro, caballo, cabeza (Gonçalo M. Tavares, 2010) llegó a mis manos a recomendación de mi amigo Jesús Colino el cual solo me dio dos opciones a modo de adelanto: te va a encantar, o te va a parecer muy desagradable. Lo curioso es que para descubrir lo apropiado del aviso no hay más que leer un par de párrafos, independientemente de que sean los iniciales o se ponga una a abrir el libro al azar por cualquier página: te atrapa o te pierde. (¿Cuántas cosas en la vida funcionan bajo esta premisa? Decídmelo). Me hizo gracia descubrir poco después que José Saramago interpeló a este hombre tras recibir su propio premio homónimo: "escribe tan, tan, tan bien, que dan ganas de pegarle".